A comienzos de 2008 los números del desempleo en nuestro país reflejan una situación cercana al “pleno empleo”. Sin embargo, la cifra de 7,5% de desocupación marca una tendencia alejada de la realidad. Los sub ocupados y quienes trabajan “en negro” se constituyen en el porcentaje de desempleados que se acercaría más a la situación actual. Un rápido análisis de los datos estadísticos del INDEC conduce a prestar atención a la desaparición de las oportunidades de empleo laboral. La automatización de las tareas laborales incrementan el desempleo y dejan pocas chances a quienes quedan fuera del circuito laboral.
La imposibilidad de acceder a un empleo perjudica a al desempleado y a su entorno. La “Encuesta Permanente de Hogares” arrojó números contundentes en su última medición:
- Entre los jefes de familia, el 68,8% está ocupado, el 3,2% está desempleado y un 27,6% no trabaja ni busca trabajo.
- Entre los hijos mayores de 18 años el 58,0% está ocupado, el 12,6% está desempleado y el 29,4% no trabaja ni busca trabajo.
- Entre los cónyuges, sólo el 46,1% está ocupado, un 4,1% está desocupado y el 49,8% no trabaja ni busca trabajo.
Cada vez hay más “jefes de familia” desocupados y eso tiene una consecuencia inmediata: el deterioro de la calidad de vida de su familia. 6 de cada 10 nuevos desocupados de Capital y el Gran Buenos Aires es un jefe de hogar, entre las mujeres aumentó el trabajo “en negro” o sub ocupación y los jóvenes son los más golpeados: 43% de desempleo entre aquellos de 15 y 19 años.
La pérdida de empleo estable, el desaliento por la falta de oportunidades laborales y el aumento de las actividades por cuenta propia o “changas” disminuyen la capacidad adquisitiva de las familias. Eso, luego es trasladado a todos los ordenes de la vida: educación, salud, recreación.
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